Los nuevos “enviados especiales” a Ucrania, Rosencrantz y Guildenstern

Los nuevos “enviados especiales” a Ucrania, Rosencrantz y Guildenstern



El alcahuete de Putin, Donald Trump, ha enviado a su yerno Jared y al agente inmobiliario Steve Witkoff como “enviados especiales” para que visiten Kiev, tras pasar primero – una vez más – por el amo de Moscú y recibir sus instrucciones.


Se trata de un insulto al Pueblo Ucraniano y a su Estado. No son enviados para la paz, según decía el cartel propagandístico y mentiroso con el que les dieron la bienvenida en el aeropuerto de Moscú (¡como si Moscovia deseara la paz, después de haber iniciado su guerra de agresión!), sino para conseguir la rendición de Ucrania, o cuando menos para causar su demoralización y de paso obtener información para el tándem agresor Putin-Trump.


Estos “enviados” de Putin-Trump son tan amigos y confiables para Ucrania como para el Príncipe Hamlet lo eran los espías Rosencrantz y Guildenstern, enviados y agentes al servicio del rey-asesino Claudio de Dinamarca, para sonsacar y finalmente perjudicar al Príncipe.


A diferencia del engañoso cartel de bienvenida que tuvieron en Moscú, en Kiev deberían haber recibido a esos personajes con camisetas diciendo:



¡Bienvenidos, Rosencrantz y Guildenstern!


¿Venís porque habéis aprendido ya a tocar(nos) la flauta?



*

 

Hamlet: ¿Queréis tocar este caramillo? [...] Es tan fácil como el mentir; pulsad estos agujeros con los dedos; dadle aire con los labios, y el instrumento exhalará la más elocuente música. Mirad: éstos son los registros.


Guildenstern: Bien; pero no sé hacerles expresar ninguna melodía. Carezco de habilidad.


Hamlet: ¡Pues ved ahora en qué baja opinión me tenéis! Queréis tañerme a mí; tratáis de aparentar que conocéis mis registros; pretendéis arrancarme lo más íntimo de mis secretos; pretendéis sondarme, haciendo que emita desde la nota más grave hasta la más aguda de mi diapasón; y habiendo tanta abundancia de música y tan excelente voz en este pequeño órgano, vosotros, sin embargo, no podéis hacerlo hablar. ¡Vive Dios! ¿Pensáis que soy más fácil de pulsar que un caramillo? No, tomadme por el instrumento que mejor os plazca, y por más que me manoseéis os aseguro que no conseguiréis sacar de mí sonido alguno. (W. Shakespeare; ‘Hamlet, Príncipe de Dinamarca’, III, ii.)

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