En recuerdo imperecedero de las víctimas inocentes que fueron asesinadas en nuestro País por los fascistas españoles y sus esbirros indígenas, en su criminal insurrección iniciada hoy hace 90 años

 

En recuerdo imperecedero de las víctimas inocentes que fueron asesinadas en nuestro País por los fascistas españoles y sus esbirros indígenas, en su criminal insurrección iniciada hoy hace 90 años


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Capítulo 15 – El Nazi-Fascismo: forma final del imperialismo español. El Primer Franquismo


La historia de la gestación del sistema fascista español, de la República española, y de la respuesta que ésta le dio o debió haberle dado, está por hacer. Queda fuera de este trabajo, así como toda apreciación – que sería necesariamente crítica – de la dirección que se le imprimió a esa respuesta; con las consecuencias de todos conocidas y que nos traen hasta la presente situación.


Ahora bien, en la Guerra Civil e Internacional de 1936-1939 los Españoles, si acaso no sabían muy bien quién iba a ganar, tenían sin embargo muy claro quién en todos los casos tenía que perder. En el juego de la guerra y la postguerra había dos hipotéticos posibles ganadores o perdedores; pero los terceros periféricos vascos y catalanes: víctimas propiciatorias de los Nacional-imperialistas españoles tanto “de derechas” así como “de izquierdas” (y para todos ellos perdedores designados y concertados), no tenían otra virtualidad que la derrota en todos los casos.


La República Española tenía clara su propia estrategia nacionalista: atraer la atención de los fascistas contra la Resistencia del Pueblo Vasco y su artificialmente magnificado e “invulnerable Cinturón de Hierro” de Bilbao, al objeto de retardar, debilitar y desplazar la ofensiva que los franquistas realizaban sobre su frente principal en España; y utilizar el avance franquista para liquidar el Gobierno de hecho de Euzkadi (tras haber la misma República impedido, retrasado o limitado su consolidación), dejando al General Franco la tarea de aplastarlo finalmente con la garantía de la Legión Cóndor y la División Littorio. Únicamente los propios programados perdedores no se enteraban de nada; por eso eran perdedores y tuvieron que pagar el precio que se paga por ello.


“Con el derrumbe del frente vasco nos hemos sacado de encima un problema para mañana.” (Manuel Azaña, Presidente de la II República Española. De un discurso suyo en Alicante, finales de 1937.) He aquí otras declaraciones de Azaña: “Tenemos que agradecer a Franco que nos haya resuelto el problema vasco, que ya es cosa del pasado. En cuestión de regionalismo, nos entendemos antes y mejor con los falangistas que con los separatistas.”  “Yo no he sido nunca lo que llaman españolista ni patriotero. Pero ante estas cosas me indigno. Y si esas gentes van a descuartizar España, prefiero a Franco. Con Franco ya nos entenderíamos nosotros, o nuestros hijos o quien fuere. Pero esos hombres son inaguantables.” Etc.


“El Decreto de Franco aboliendo la autonomía de Cataluña tenía apasionados suscriptores entre los republicanos. No estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. De ninguna manera. Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza. Se equivocan los que otra cosa supongan. No hay mas que una nación: ¡España! Antes que consentir campañas nacionalistas que nos lleven a desmembraciones que de ningún modo admito, cedería el paso a Franco sin otra condición que la de que se desprendiese de alemanes e italianos.” Etc. etc. (J. Negrín; Primer Ministro del Gobierno en la II República española y miembro del PsoE.)


Así pues, tras cinco – de 1931 a 1936 – “republicanos” años de represión, terrorismo, cierre de periódicos y pitorreo del Pueblo Vasco mediante votaciones y estatutismo, los “estrategas” del Pnv y sus satélites, una vez sublevado Franco, dejaron de jugar a “elecciones y democracias” y, mordiendo una vez más el anzuelo, substituyeron el realismo político por “los sueños democristianos de color rosa” y el romanticismo belicista, para lanzar al País: sin preparación y sin contar con un solo aliado efectivo, a una guerra solitaria, “imprevista”, improvisada y suicida contra las Potencias del Eje. El Pueblo Vasco mostró así su vigor y voluntad nacionales, pero también su falta de madurez y sentido políticos; circunstancias que lo dejaron diezmado e indefenso, con su vanguardia fusilada, exilada y aterrorizada, y todo él disminuido y debilitado por la nueva versión totalitaria española de sus constantes históricas, alimentadas durante ocho siglos de conquistas. Las consecuencias de ello para nuestro País sobrepasan toda ponderación. En esta causa perdida se movilizaron, diezmaron y desangraron los escasos o ilusorios recursos humanos y materiales del Pueblo Vasco, cogido en la trampa tendida por el Fascismo internacional.


En España, la guerra fue mirada desde el principio con escepticismo por muchos, que cada vez fueron más; incluso entre los que – a la fuerza o por principio – participaron en ella en el bando republicano. El reconocimiento de la derrota había empezado mucho antes de que el General Franco – “cautivo y desarmado el Ejército Rojo” – diera por terminada la guerra. Diversas gestiones para una capitulación, que pusiera fin cuanto antes a la terrible e inútil carnicería, empezaron de inmediato, en plena guerra, a cargo de un sector del Partido socialista obrero Español-PsoE. Pero ello era ignorar los cambios sobrevenidos y las diferencias decisivas a escala mundial, así como los medios, los objetivos, la determinación, el rencor y el odio añadidos de las clases dominantes, la Iglesia y el Ejército españoles, que no pensaron ni por un momento en dejarse arrebatar la costosa victoria absoluta que había sido su objetivo determinante desde el primer momento. Porque no se trataba para ellos de un nuevo pronunciamiento militar y monárquico-clerical al estilo de los del siglo XIX, ni de una pálida imitación del totalitarismo alemán o italiano, sino de una forma de Fascismo particular y excepcionalmente virulento: el resultado final de siglos de reacción y despotismo:

 

“En ‘la emergencia del mundo occidental’ (Douglass North & Robert Thomas; ‘The Rise of the Western World: A New Economic History’), en su desarrollo y ulteriores transformaciones, el bloqueo de las nuevas formas de producción-asociación por el sistema totalitario ha sido el factor más constantemente retardatario de la historia europea.

“La libertad es una fuerza productiva y una estructura social. A este respecto, y desde finales de la Edad Media, las estructuras sociales de España y de Francia han evolucionado en sentido totalitario: desde el absolutismo agropecuario, hasta los más recientes modelos de integración totalitaria. La adopción por esas sociedades del nuevo sistema de producción-asociación, y su recepción local de la masa de innovación tecnológica realizada y acumulada en las áreas de organización democrática de la sociedad europea, han sido tan inevitables como parciales y tardías, porque han quedado siempre subordinadas a las condiciones y los objetivos establecidos por sus sistemas permanentemente Nacionalistas-imperialistas, y por ende totalitarios.” Etc. (Véase el Capítulo V – ‘Evolución del totalitarismo hispano-francés: el Fascismo’, de nuestra obra general de referencia: ‘Euskal Herria y el Reino de Nabarra, o el Pueblo Vasco y su Estado, frente al imperialismo franco-español’.)


El Fascismo español no buscaba la convivencia, ni la conciliación, ni la dominación sino el exterminio del enemigo, y esto desde el primer momento. Para visualizarlo, traemos como ejemplo la manifestación de un notorio soporte de la sublevación militar fascista como lo fue José María Pemán, titular de la “Comisión de Cultura y Enseñanza” en la “Junta técnica de Estado” (en la práctica, el primer Gobierno de Franco durante la guerra), que tuvo como tarea la depuración de los maestros de la enseñanza pública; una tarea que realizó con un resultado terrorífico. Así se expresaba ese agente franquista en una arenga difundida por radio:

 

“[Es ésta] Una guerra que, por dura que sea, yo os digo que era necesaria y era conveniente. [...] La idea de turno o juego político ha sido sustituida para siempre por la idea de exterminio y de expulsión, única válida frente a un enemigo que está haciendo en España un destrozo como jamás en la historia nos lo causó ninguna nación invasora”. Etc. (J. M. Pemán; fragmento de su discurso emitido el día 24 de Julio de 1936 desde los micrófonos de Radio Jerez, y publicado en «¡Atención! ¡Atención!… Arengas y crónicas de guerra», Ed. Escelicer-Cerón, Cádiz, 1937.)


Bajo estas directrices, ese exterminio se realizó de forma concienzuda no sólo en el frente; también en las ciudades que iban siendo tomadas, e incluso en donde ni siquiera hubo guerra como en la Nabarra nuclear, con sistemáticas “sacas” y “paseos” hasta las cunetas, las simas y las tapias de los cementerios.


Franco no era Primo de Rivera, ni Hitler, ni Mussolini; pero, a su propia escala y a su manera, era mucho más peligroso y duro de pelar que ellos y los engañó a todos, uno tras otro. La oposición a Franco no podía ganar la guerra ni la postguerra; no podía siquiera resistir lo suficiente como para llegar a una salida negociada. La victoria absoluta del General Franco y de sus Aliados del Eje liquidó el equilibrio inestable de fuerzas de la Segunda República española, destrozó la oposición, estableció el poder absoluto de la reacción, y fijó la dictadura y la dominación del gran capital, los grandes terratenientes, la Iglesia Católica, y los sectores nacionalistas y colonialistas españoles, con su Ejército como clase política real.


El Ejército nacionalista y fascista español ganó la guerra de forma completa; y el pueblo español, después de la monumental paliza de 1936-39, del holocausto y la venganza, con una economía en ruinas y sometido al terror y la venganza franquistas, no estaba para gaitas. Al igual que habían hecho los Franceses en 1940, los Españoles comprendieron la terrible lección y las ventajas – verificadas y disfrutadas durante siglos de despotismo – de la sumisión al orden establecido por medio de Violencia criminal y Terror. Las “fuerzas democráticas” habían unilateral, generosa y oficialmente “renunciado a toda violencia activa y pasiva” (sic).


Así pues, a continuación de la derrota y tras haber anunciado y esperado durante decenios el inminente “derrumbe” del Franquismo por efecto primero de la intervención Aliada; después, de la resistencia armada; y a continuación, de la “huelga general pacífica”, la oposición tradicional española comprendió finalmente y no podía seguir ocultando ya más que el único derrumbe real era el suyo, que el triunfo del Fascismo español era normal y definitivo, no un paréntesis anómalo en las instituciones, y que sobre él iba a asentarse el futuro político de España.

Etc.


(Véase el texto completo en nuestra obra: ‘Apuntes sobre la Historia del Pueblo Vasco/Euskal Herria y de su Estado: el Reino de Nabarra’.)

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